miércoles, 8 de febrero de 2017

NAVAJAS

Esta fotografía podría ser –en mi opinión– una metáfora de la Navajas actual. El cartel que señala el final de la zona urbana estaba hecho con láminas de aluminio estrusionado, una de las últimas técnicas en la confección de carteles de señalización en carretera.

Del que fuera primoroso indicador queda, desvencijado, el otrora orgulloso nombre de un pueblo que fue hermoso, que fue limpio y que lo sigue siendo en su espíritu y en lo recóndito de su ser –como se ve en la lámina del nombre que se conserva incólume aunque sacada de su escuadra natural– pero que en el resto, en lo que le adorna, ha perdido su esencia. 
Navajas –como el cartel– está desvencijada, rota y en riesgo de perder su identidad, ésa misma que tienen que preservar y potenciar los que están al frente del pueblo. Va siendo hora de que cada uno asuma su responsabilidad y la ejerza; el equipo de gobierno resolviendo los problemas que vino a resolver según su propia propaganda electoral; la oposición realizando su papel de oponerse a lo que crea que se puede hacer mejor porque en teoría todos quieren lo mejor para el pueblo aunque no coincidan en qué es lo mejor. Claro que si no sabemos qué, no podremos ponernos de acuerdo en  cómo ha de realizarse.
Se queja el equipo de gobierno del estado de ruina en que se encuentra el Ayuntamiento –de eso podemos hablar en otra ocasión– pero hay cosas que no necesitan fuertes dispendios para dar a entender que alguien se preocupa por evitar que el cartel sea una metáfora de la percepción que una gran cantidad de personas tiene –tenemos– del estado del pueblo y dé el aspecto lamentable que da.
  • En la Plaza del Olmo se aparca a voluntad del conductor a pesar de existir señales – algunas mal puestas– que prohíben el estacionamiento “en toda la Plaza”. Si el equipo de Gobierno considera que nuestra Plaza es un lugar apropiado para el estacionamiento de vehículos debe quitar las señales que lo prohíben. Así, nos podremos beneficiar todos y no sólo los que se saltan las normas confiando en la desidia de los que tienen la obligación de hacerlas cumplir.
  • Nuestros niños tienen lugares más que sobrados para jugar a la pelota, pero se complacen en hacerlo justo debajo de la señal que prohíbe tal juego colocada en la fachada del Museo de Manolo Rodríguez. Si el juego con pelota está autorizado, quítese la señal; eso cuesta poco.
  • Otra acción de realización barata sería la de poner la bandera de España en el Salón de Plenos; esa y las que sea reglamentario que luzcan en tal Salón. De España existe –aportada por el Grupo Popular– una de tela, constitucional. Colocar una pegatina sobre el cristal de un cuadro con la bandera indica una falta de respeto por un símbolo que representa a todos los españoles mientras la Ley no diga otra cosa. Cuando se manda, los sentimientos partidistas han de dejarse en casa y atenerse a lo que dicta la Ley sin emplear subterfugios estúpidos que no hacen sino enconar más aún la situación de fractura social en que vive el pueblo.
  • El cartel cuya foto ilustra estas líneas sugiere, además, que no tenemos Secretario, que no tenemos Policía Local, que somos uno de los pueblos con más posibilidades de desaparecer como tal, que no tenemos modo de que el Ayuntamiento responda a las solicitudes que se hacen en forma y de manera respetuosa.   ¿Dónde quedan ahora las críticas que se hacían al anterior equipo de Gobierno que no respondía a nada?
  • No estaría mal que el equipo de Gobierno pusiera en marcha los acuerdos tomados en los diferentes Plenos en lugar de esperar … ¿a qué, si es obligatorio ejecutar lo acordado?
Todas estas cosas –y otras que se le ocurren a usted que me lee– son tan de sentido común, tan fáciles de poner en marcha que no entiendo cómo alguien que ha declarado y sigue declarando su amor por el pueblo y que tiene no sólo el deber sino la obligación de procurar por él, no pone manos a la obra. Así, al menos tendríamos la sensación de que “alguien” se preocupa por nuestro bienestar, porque es posible que estén trabajando denodadamente en algo muy trascendente, muy importante que no es percibido por la ciudadanía, en cuyo caso “ojos que no ven…”

Toni(n) “el de la Cuba”

miércoles, 1 de febrero de 2017

Don Vicente

Me refiero a Blasco Ibáñez. Uno de los novelistas con más lectores de finales del XIX y principios del XX que desde siempre –excepto durante su vida novelesca, azarosa, casi cinematográfica– ha sido ninguneado por propios –algunos valencianos de la "intelectualidad" local– y extraños –sus colegas novelistas coetáneos– que llevaron mal siempre los triunfos del escritor, porque él pasaba como un relámpago por encima de un éxito para alcanzar otro mayor sin entretenerse en dar importancia a uno o a otro.
En mi opinión personal don Vicente fué un personaje "echao p'alante", consciente de su propia valía, nada humilde que, conociendo sus dotes de orador, de narrador y su capacidad para arrastrar a las masas tras de sus palabras, no logró entender nunca como Rodrigo Soriano –el donostiarra al que él trajo desde Madrid para que trabajaran juntos– pudo obtener más votos que él en las elecciones para Diputados a Cortes por Valencia.
La desafección de sus paisanos –hecho nada novedoso y que suele repetirse a lo largo de la Historia desde San Vicente Ferrer– fue el detonante que sirvió, de manera paradójica para que el periodista, escritor, político, novelista, fundador de pueblos se dedicara a ganar dinero y abandonara –no sé si del todo o sólo en parte– sus ideales republicanos de épocas de menor edad.
El otro hecho determinante de su afán por ganar dinero –al decir de algunos se convirtió en un "pesetero"– fue el conocimiento de doña Elena Ortúzar que lo deslumbró y le abrió las puertas de un mundo que él habría combatido antes pero que aceptó sin protesta para integrarse en él. Sus convicciones más básicas permanecieron firmes, pero los satélites de sus pensamientos variaron para disfrutar de lo que se ganó bien en diferentes ocasiones porque fue capaz de enriquecerse y arruinarse sucesivamente cuando quiso cumplir sus ideales de fundador de pueblos.
A este hombre se le dedicó un homenaje el pasado día 29 en que se cumplía el 150º aniversario de su nacimiento y el "Grupo de Lectura de Navajas" participó con una veintena de recreadores que lo pasaron muy bien y que hicieron las delicias del público que asistió al acto, unos sorprendidos porque no esperaban algo semejante y otros admirados del cuidado con el que los recreadores participantes habían confeccionado sus atuendos –aunque alguna periodista del LEVANTE E.M.V. poco sensible a este tipo de fenómenos escribiera que ínamos "disfrazados" de época– que dieron "color" a la celebración dicha.
Ya hemos escuchado en diferentes ocasiones que a la figura de Blasco Ibáñez se le va a dedicar más atención desde los poderes públicos municipales sobre todo. No sólo éstos, sino los poderes públicos nacionales tienen una deuda con quien llevó el nombre de España y con él el de Valencia por todo el mundo pese a desencuentros, desamores e incluso traiciones de quienes hubieran tenido que mimar a una figura de la talla de don Vicente, por eso lo que dicen los políticos no nos lo creemos. En cambio la buena gente de Valencia que tiene a timbre de gloria haber leído la obra de Blasco hace un homenaje permanente a quien amó a su tierra más que muchos que permanecen en ella.
Nosotros, el "Grupo de Lectura de Navajas" somos de los que con nuestros actos y nuestra divulgación del conocimiento de la peripecia vital de Blasco, contribuimos a que su figura siga siendo conocida y admirada en la medida en que fue de admirar.
Toni(n) "el de La Cuba"

domingo, 1 de enero de 2017

Un proyecto de carta a los Reyes Magos


Ha llegado el nuevo año y hay que empezar pidiendo algo para que se active el consumo interior que parece que está algo chungo y eso no conviene porque si no se consume no hay que producir y si no se produce no hay dinero para pagar a los que consumen. La verdad es que estas cosas de la economía capitalista da la impresión de que son un galimatías para tontos porque terminan pareciendo la pescadilla que se muerde la cola o el perro psíquicamente perjudicado que da vueltas intentando morderse el rabo.
Los que no hemos pedido nada al gordo vestido por Coca Cola que llega por Navidad, tenemos que contribuír al lanzamiento de la economía con otro pretexto que en el caso de España tendría que ser necesariamente el de los Reyes Magos que fueron una festividad de tipo religioso hasta que el comercio se apropió de ella.
A los Reyes, que llegan la noche del cinco de enero cuando casi es el día seis, se les puede pedir toda clase de cosas; al gordo del que escribía antes sólo cosas materiales, pero como ya hemos pasado el fin de año en el que hemos deseado toda clase de cosas espirituales para los amigos, conocidos y militares sin graduación, no estaría de más hacer un pequeño inventario de lo que pueda resultar beneficioso para nuestros semejantes.
Claro es que para conocer qué es lo que puede convenirles no será ocioso partir de lo que a cada uno le falte con el propósito de que le aproveche a cada cual en función de su carencia:
SI LE FALTA...
QUE LOS REYES MAGOS LE TRAIGAN...
Amor
Un buen novio/novia
Dinero
El gordo de la lotería del Niñp
Salud
Un buen seguro médico
Alegría
Unas maracas
Humor
Una pluma de pavo real para hacerle cosquillas
Paz
Una escopeta con cartuchos de sal para defenderse de sus enemigos
Paciencia
Un rosario para rezarlo mientras esté desazonado
Carisma
Dinero; con él tendrá mucha gente dispuesta a hacerle la pelota diciéndole aquéllo de que: “Chica/o, tú vales mucho”
Protagonismo
Un coro en el que pueda cantar de solista aunque lo haga fatal
Estatura
Unos zancos
Pelo
Una peluca intercambiable
Cariño
Un peluche suavecito
Sentido del ritmo
Un metrónomo
Afinación
Una bolsa grande de caramelos de Burriana para que se tome uno cada vez que quiera cantar
Forma física
Si es chico una buena masajista, si es chica un masajista varón
Chispa
Un chisquero de mecha larga
Sentido del humor
Una habitación sin ventanas para que se encierre y no amargue la vida a los demás.
Capacidad de asombro
Un repaso a la situación política del pueblo desde la llegada de José Vicente Torres a la Alcaldía hasta el momento actual



Pasión por la lectura
Una inscripción como socio del “Grupo de Lectura de Navajas”
Ilusión
Asistencia a la cabalgata de Reyes fijándose en las caras de los niños y olvidándose del comportamiento de los adultos
Fe
Un rato de mirar el Olmo y pensar en todo lo que ha pasado “bajo sus ramas”
Generosidad
La creencia en la reciprocidad de los demás
Autoestima
La ocasión de hacer bien ago – lo que quiera que sea que haga bien– ante los demás
También puede ocurrir que haya algún afortunado mortal que no necesite nada de eso, enhorabuena en parte porque el que no carece de algo no es tan feliz como se supone que debería ser. Se disfruta más haciendo el camino que al llegar a la meta.
De nada.
Toni(n) “el de La Cuba” 

jueves, 29 de diciembre de 2016

Temis domini

Se ha producido recientemente –al menos en mi conocimiento– la aparición de un autor, o autora, que bajo el seudónimo de “Temis domini” (sic) expresa su opinión en alguna red social acerca de lo que viene aconteciendo en el pueblo y pone de relieve lo que le parece que está mal en la gestión que lleva adelante el partido político que tiene la responsabilidad de gobernar el pueblo desde que ganó la alcaldía en las últimas elecciones municipales.
Vaya por delante que siempre desprecio la opinión de los que se ocultan bajo el anónimo y disminuye en mi aprecio el que emplea un seudónimo de difícil identificación para expresar lo que piensa incluso si lo hace de manera ordenada y dentro de los límites de la buena educación; pero es moneda corriente en estos días escribir en las redes sociales, en internet, utilizando un seudónimo cuyo uso puede tener motivaciones diferentes: puede ser por no dar a conocer a los cuatro vientos la identidad de uno, aunque sí la conozcan los amigos y lectores asíduos, por malicia porque lo escrito avergüenza al que lo escribe o… por miedo.

Yo, que tengo abiertos un par de cuadernos de esos a los que llaman “blogs” los que saben inglés, utilizo seudónimos en ellos por no proclamar “urbi et orbi” mi identidad; no obstante, en este escrito y en el resto de los que aparecen aquí queda claro que en el ámbito al que me dirijo todo el mundo sabe quién es “Toni(n) el de la Cuba” o, al menos, eso pienso.
No es el caso de “Temis domini”. Las personas con las que he hablado de los escritos de quienquiera que sea quien así firma hacen conjeturas acerca de la identidad de quien pueda estar detrás de ese seudónimo. Creo que el autor no quiere darse a conocer por miedo. Cierto es que que en ese aspecto cada uno se coge el que quiere pero él mismo lo ha escrito en más de una oportunidad. “Temis domini” tiene miedo de que se conozca quién es porque teme represalias por parte de aquellos a los que “Toni(n) el de la Cuba”  ¿Qué clase de represalias? “Temis” lo sabrá; pero temer que algo le puede pasar a uno por expresar una opinión de manera clara y educada es impropio de los que vivimos en un estado de derecho. Algo no funciona bien cuando ésto ocurre y funciona mal cuando acontece en un lugar tan pequeño como nuestro pueblo.
Por los indicios que puedo analizar de sus escritos deduzco que Temis es una persona vinculada al pueblo pero no necesariamente del pueblo. Si ha nacido aquí es posible que se trate de alguien que ha pasado bastante tiempo fuera de Navajas y que a la vuelta se haya topado con que lo que esperaba encontrar ya no existe. Se queja de fractura social y una de sus aspiraciones es que el Ayuntamiento haga las cosas que en su opinión cree que deben hacerse. Y de ahí se genera el conflicto: los partidarios de defender la gestión del ayuntamiento culpan a la “herencia recibida” de la inmovilidad a la que se ven forzados y Temis afirma que ya sabían cuál era el problema con el que se iban a encontrar. Luego, el asunto se escapa de las manos de unos y otros y se llega a descalificaciones de tipo personal que sólo contribuyen a fomentar lo que se critica: la fractura social.

En mi opinión cualquier persona bien nacida debe querer, de entre lo bueno, lo que sea mejor para su pueblo; la dificultad estriba en determinar qué es lo mejor en cada caso. Una vez que se hubiera llegado a un consenso en la determinación de ese objetivo hay que abordar el cómo y habrá que llegar de nuevo a acuerdos en cuanto a vías de solución, tiempos de ejecución, apoyos … y sacrificios que haya que hacer, si es que hay que hacerlos. Lo que no es admisible es que sigamos aún con el “y tú más”, que no conduce a sitio alguno. La división de esfuerzos conduce a la debilidad y el análisis excesivo a la parálisis efectiva.  Dejen de mirarse unos a otros de reojo y pónganse a buscar soluciones a los problemas del pueblo. Es urgente. Determinar los culpables es tarea de la Justicia.
¡Ah! Feliz Año Nuevo a todos, que 2016 vino de nalgas...
“Toni(n) el de la Cuba” 

sábado, 17 de diciembre de 2016

Hartito me tienen...

No paran de hablar. Políticos de toda clase y condición se dedican a hablar porque para ellos “la política es diálogo”; pero –como ocurre siempre que a alguien le falte la formación necesaria para hacerse entender– confunden diálogo que significa intercambio de ideas, comunicación, respeto, con cháchara que no es otra cosa que la conversación frívola e intrascendente que termina por ser un monólogo machacón, insistente y sin sustancia,
Los vemos y los oimos en las pantallas de la televisiónj, en los programas de radio, en los foros de todo tipo, en los bares, en los actos oficiales y en los ayuntamientos. No paran. Todo es hablar y hablar para culpar a los demás –a los otros– de todos los males habidos y por haber.
La pregunta –fácil– es ¿no sería mejor que el tiempo que pierden en despotricar y buscar culpables lo emplearan en trabajar para hallar soluciones a los problemas que afectan a los ciudadanos? Ya sabemos todos que los anteriores lo hicieron muy mal y eran unos manirrotos que dejaron las arcas exhaustas, pero, sabido ésto ¿nos sentamos a lamernos las heridas o hacemos algo para recuperar lo que es recuperable?

Por otra parte, cuando alguno de los que pululan por los centros de poder tiene una ocurrencia que parece “molona” al resto de sus “compis” y deciden ponerla en práctica no hay diálogo capaz de disuadirles de su idea. Así es que en cuanto se les niega el “caprichito” no basta con que la justicia diga que no es que se les niegue, es que no se les puede dar porque contravendría las normas de la convivencia más elemental, en lugar de ponerse a trabajar para conseguir el cambio de esa norma, se enfurruñan, se inventan derechos y aplican su monomanía a lograr que su deseo sea satisfecho por quien no puede satisfacerlo sin ponerse, a su vez, fuera de la Ley.
Lo que pretenden los que preconizan el diálogo a ultranza es que las cosas se eternicen y que triunfe la opción de los que más se empecinan en conseguir la Luna si se les mete entre las cejas. Sin límites que establezcan el final de las discusiones éstas se eternizan y terminan desvirtuando el sentido que pudieran tener cuando empezaron.

En resumen, el diálogo está bien, pero hablar por no estar callados, ¿conduce a algo? Lo decía el clásico: “Facta, non verba”, hechos, no palabras.

Toni(n) el de “La Cuba”

miércoles, 23 de noviembre de 2016

De las minorías hasta aquí

La democracia es una de las cosas más divertidas que existen y perdonen ustedes la licencia al adjetivar. Lo que hace así de divertida a esta opción política es que da todas las ventajas a sus enemigos en una especie de actitud gloriosa mediante la que se siente a salvo de todos los ataques habidos y por haber; ella está “au-dessus de la mêlée” como dicen nuestros vecinos franceses. Y esa presunción nos resulta cara.
Creo que será suficiente con examinar algunos ejemplos que estamos viendo todos los días en nuestro propio país y en otros del entorno para que nos demos cuenta de que lo de “el gobierno de las mayorías con respeto profundo a las minorías” es una falacia.
Acabo de ver imágenes de los desmanes que están causando los hoolligans ingleses en Marsella y se me ha ocurrido reflexionar acerca de ellos: de los desmanes y de los hoolligans:
Me ha llamado la atención, sobre cualquier otra cosa, contemplar cómo uno de estos “aficionados” gastaba “bromitas” golpeando el escudo de un policía en una actitud de clara burla hacia el reperesentante de la autoridad. Si el agente hubiera respondido a la provocación con un mamporro se hubiera llevado mi aplauso y supongo que el de muchas personas más que no se atreven a manifestarlo en público; pero también le habrían caído “las del pulpo” por “abuso de fuerza”. Y aquí viene la conclusión: pagamos a las fuerzas de seguridad para que nos defiendan y les limitamos tanto su capacidad para defendernos que no pueden cumplir con lo que les tenemos encargado.
Todo el mundo –la mayoría de los que vemos las noticias– estamos asombrados de los disturbios que han ocasionado los “okupas” en Barcelona donde parece ser que encuentran el caldo de cultivo adecuado para proliferar. Una acción policial de cerco y posterior de identificación y detención a los insociables que originaron los desaguisados hubiera sido una clara medida de higiene democrática que hubiera devuelto la confianza y la tranquilidad a los vecinos de la zona a mucho menor coste que el que han supuesto los desperfectos, pérdidas económicas y deterioro de la imagen de la ciudad; pero los mandos policiales están sujetos a la obediencia a los políticos y éstos son –a fin de cuentas– los que hasta no hace mucho tiempo “okupaban” edificios ajenos como acción reivindicativa de no sé bien qué.
Está claro que estas cosas suceden porque asociaciones de minorías con algunas coincidencias en su ¿ideología? han unido sus votos para ir contra el sistema. No son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos más que para ir “contra” lo que sea y aunque aquello a lo que se oponen sea la mejor de las soluciones posibles para algunos problemas, no cejan en tratar de imponer de grado o por la fuerza sus criterio minoritarios a una mayoría que no se atreve a chistar unas veces por miedo, otras por vergüenza y las más por cobardía.
De esta manera nos encontramos con gentes que obtienen ventajas de no obedecer las leyes y con otras gentes que se ven perjudicadas porque las leyes que acatan no los defienden o –por ser muy puristas– tardan en obtener la justa satisfacción a sus reclamaciones. Uno empieza a entender alguna de estas cosas cuando contempla que la señora Carmena ha sido juez en ejercicio y que su talante y supongo que sus criterios son, al menos en mi apreciación, muy peculiares.
Tenemos, por desgracia, una sociedad cobarde y acomodaticia cuyos valores son el confort, el bienestar y la ley del mínimo esfuerzo, cosas todas que vienen de un movimiento pendular desde el sacrificio, el trabajo, la hombría de bien y la compensación al esfuerzo que se produjo durante el tardo franquismo que –en materia de empleo y en consecución de cotas de bienestar impensables para los más– dio lecciones de lo que se podía hacer: ¿con el turismo? con el turismo; ¿con la emigración? con la emigración; pero la gente empezó a acceder a segundas viviendas, a coche propio y a tener unos ahorrillos en el banco con la tranquilidad de que estaban bien seguros. ¿Qué es lo que faltaba? Al decir de los políticos actuales, jaleados por los medios de comunicación –que son parte interesada– faltaba libertad. Y empezó una carrera desmadrada hacia un empacho de libertades hijos de las cuales son bastantes de los vicios y los defectos que contemplamos ahora con estupor como si se nos hubieran aparecido de pronto y sin avisar. 
La libertad para “meterse” cualquier sustancia –“consumo propio”, le llaman–, la sexual, la de gritar lo que cada uno  quisiera, la falsa libertad de que cada uno podía hacer lo que le diera la gana con la excusa de que –en extraña construcción gramatical– estábamos “en democracia”, la libertad de estudiar o dejar de hacerlo, la de que no hay autoridad que pueda coartar la apetencia de cada cual ha sido la culpable de la situación con la que hemos de lidiar.
Sin educación, sin principios, sin valores y por tanto sin criterios, hemos ido dando tumbos en una carrera imparable hacia el desastre con el que nos podemos encontrar a poco que nos descuidemos.
El pueblo –ese que no se equivoca cuando conviene a los políticos– glorifica a los que viven del cuento y los que viven de contarlo. La tele basura, la prensa basura, las actitudes basura han sido encumbradas hasta el ditirambo por los voceros de tanta porquería que no son otra cosa que los muñidores de la miseria moral de una sociedad que fué otrora fuerte, recia, y que se regía, sin saberlo, por dos principios: el de asertividad y el de resiliencia; porque todo el mundo conocía sus derechos y sabía que podía invocarlos siendo respondido de inmediato por la justicia y todos sabíamos que cuando alguna desgracia se cernía sobre nosotros éramos capaces de soportarla, aguantar y rehacernos.
Los medios de ¿comunicación? detentadores de opinión, gurúes de tres al cuarto y ganapanes rimbombantes han maleado, manipulado, pastoreado al pueblo que, en medio de una indigencia intelectual pavorosa es fácil presa para los que aparentan saber y no saben otra cosa que beneficiarse de lo que sus trapisondas les proporcionan. Ninguna ética coarta sus opiniones, ninguna estética informa sus actitudes.
Al socaire de este ambiente no faltan quienes desde la política, desde los negocios, desde su soberbia intelectual han aprovechado para pescar en las aguas turbias de este río revuelto. Que ningún ciudadano haga mal su declaración a Hacienda porque le caerá encima todo el peso de la Ley que parece no regir para los que se han llevado millones de euros de las arcas públicas sin el menor rubor y sin devolver uno solo de esos euros. Muchos casos de corrupción millonaria se han dado y se siguen dando todos los días sin que veamos una sola sentencia ejemplar ni sepamos qué se ha hecho con el dinero que se nos ha robado a todos. 
Una de las grandes vergüenzas que he pasado ha sido la audición del Himno de España –que a mí sí me representa– en el primer partido de la Selección Española de Fútbol contra la de la República Checa. Me ha dado vergüenza comprobar que en Toulouse, el Himno ha sido escuchado con respeto mientras que cuando suena entre nosotros es pitado, abucheado, no respetado. Una minoría –dicen– es la que hace eso; pues a esa minoría querría yo ver cómo se le mete en cintura; libertad de expresión –dicen– y entonces yo tengo la sensación de que quienes lo dicen no saben de lo que están hablando.
Otra minoría –infecciosa ésta– es la que ha aparecido como consecuencia del Estado de las Autonomías. No sé bien si para mantener ese Estado o para que el Estado les mantenga a ellos tenemos 300.000 funcionarios que, a “ojo piojo”, para cuarenta millones de españoles me parecen una desmesura. Los alemanes son ochenta millones de criaturas y se las arreglan con menos. Claro que para que la cosa siga nos crujen a impuestos: Para unas repàraciones cuyo coste es de 4.600 euros, tendré que pagar entre IVA y licencia de obra unos 1.150 euros. ¿Parece razonable? Yo creo que no.
“El debate a cuatro” ha sido más de lo mismo: cuatro señores, cada uno a lo suyo, cuyo objetivo es conseguir más votos que los demás para “sacrificarse por todos” como nuevos redentores y “salvar a España”. La especie de los salvapatrias no está en peligro de extinción, pero sí lo está la del “hombre honrado”. Ser político significa meterse en todos los charcos imaginables e inventarse otros para seguir teniendo barro en el que chapotear… o refocilarse.
Si se leen determinadas noticias termina por creer uno que lo que más preocupa a los “equipos” asesores es el maquillaje de los debatientes, el atuendo, si van a llevar –o no– corbata y los colores de la vestimenta. ¡Apañados estamos! Miríadas de asesores de imagen, expertos en comunicación, interpretadores de gestos, echadores de cartas, expertos en tarot, saltimbanquis, titiriteros, patafísicos y otras especies pululan por estudios de televisión, emisoras de radio, redacciones de periódicos y revistas para darnos su visión –siempre categórica, siempre acertada, siempre exacta– de lo que los mortales de a pie que tengan un poco de sentido común y un mucho de criterios elaborados, pueden interpretar sin ayuda externa alguna. Es claro que las elucubraciones de la caterva de “expertos” que acabo de enumerar son válidas para esos otros mortales de a pie a los que la LOGSE ha empitonado de lleno y que serán convenientemente pastoreados por los prados de los intereses de éste o aquél partido político dependiendo de cuál sea el que pague al pastor.
No debemos olvidar que los políticos jóvenes son producto de la LOGSE cuyos resultados todos conocemos. Nada menos que el 75% de los que nos piden el voto para gobernar el Estado han sido educados en los principio de la peor de las leyes de educación que hemos tenido en el país y que como consecuencia de ello se oponen a la cultura del esfuerzo, del trabajo y del rendimiento, de manera que prefieren “dar pescado” a “enseñar a pescar” Son las consecuencias de deseducar a la ciudadanía y el mejor ejemplo de “pan y circo” desde los romanos.
Es evidente que un pueblo no educado es mucho más fácil de pastorear que un pueblo que tenga criterios; a éste último se le gobierna, no se le pastorea porque, entre otras cosas no se deja pastorear. Por eso es por lo que los debatientes no se pondrán nunca de acuerdo en que la Educación es algo de interés nacional y se librarán batallitas de escuela pública o concertada en lugar de ponernos de acuerdo en qué objetivo persigue la educación y, una vez determinado, empezar a trabajar seriamente en todo el territorio nacional por la consecución de ese objetivo.
En lo que sí hay consenso es en que la prisión sirve para regenerar a los que están prisioneros por delitos cometidos. Acabo de leer una noticia en la que se informe de que un preso ha terminado su bachillerato con una nota excelente y pretende estudiar medicina. Magnífica noticia; pero ¿alguien se ha parado a pensar en que un delincuente encarcelado recibe mejor trato y tiene más confort que un padre de familia con hijos, honrado a carta cabal, que se haya quedado sin trabajo?
Una prueba más de lo faltos de criterio que estamos es el comentario de Camacho –un futbolista que jugaba en el puesto de defensa y partidario de la testosterona como solución de problemas–  que ha dicho que se tenía que dar permiso en el trabajo y en los colegios para que la gente animara a España –se entiende que al equipò de fútbol, que no hay que confundir– en la competición por el campeonato de Europa. El señor Camacho, con todos mis respetos, confunde realidad con ficción porque: ¿va a desplazar a todos los seguidores que verán el partido por telvisión a los lugares en los que se jueguen los partidos? y, si no es así, ¿cuál será la misteriosa fuerza telúrica que llevará el ánimo hasta las mentes y los corazones de nuestros esforzados y mejor pagados representantes deportivos? ¿habrá descubierto el señor Camacho un nuevo elemento transmisor de sentimientos? ¿será el descubridor de una nueva metempsicosis? ¿la hará revivir?¿habrá conseguido meter en el corazón y en la garganta de cada uno de los aficionados presentes los de diez de los ausentes? Creo que el gobierno en funciones habría de consentir en lo que propone el antiguo seleccionador nacional de “fúrbol” no vaya a ser que nos perdamos el descubrimiento de la era por no apoyar una mínima experiencia de I+D+i.
Cuando escribo estas cosas que escribo y me refiero a “nosotros” lo hago pensando sobre todo en los españoles, pero no crean que por ahí en nuestro alrededor atan los perros con longanizas. No sé si es fruto del buenismo del que hablaba un par de folios más arriba al referirme a los que mandan a las fuerzas de orden público o a que son  nuevos aires de nuevos tiempos, pero las actitudes de los “aficionados” rusos, ingleses, franceses, no son modélicas precisamente. ¿Hay “álguienes” que se dedican a sembrar inquietudes entre las gentes de bien?¿hay un complot internacional que pretende mediante acciones violentas inducir al miedo? La pregunta que habríamos de hacernos todos es ¿por qué hemos llegado a tener una parte de la sociedad tan violenta y otra parte tan floja? Fíjense en la tele; no hay telefilme en el que no aparezca un arma de fuego y en muy pocos aparecen los protagonistas leyendo libros; los comentaristas deportivos, esos genios del balón “dividido”, de “el mismo (sic) área”, del jugador “que se escurre” –literal– plantean sus comentarios en clave de violencia: “hacer daño” es una frase que se repite, para mi gusto demasiado a menudo, en los comentarios de algo que habría de ser puramente deportivo. Lo peor es que como quiera que los que lo dicen copian frases unos de otros, el concepto “hacer daño” se extiende como algo deseable que consiga realizar el equipo de nuestros amores.
Y ya, metidos en fútbol y en sus derivados, vemos cómo Francia, la intelectual Francia, la Francia exquisita, la Francia antorcha de Europa está siendo tomada por la policía que se ve impotente para contener furias de “aficionados” … a la cerveza que se empeñan en demostrar con hechos que la teoría de la Europa unida, fraternal en la diversidad y todas las cursilerías que quieran poner ustedes a continuación no es otra cosa que un buen deseo.
Así, mientras nos disponemos a ver el partido contra los turcos entre España y Turquía, algunos refugiados estarán intentado llegar a las costas del norte del Mediterráneo… aunque habrá muchos que no lo conseguirán y el mar devolverá sus cadáveres hinchados a las playas en las que otros seres humanos –cuyo único mérito es haber nacido en un país rico– tomarán el baño durante sus vacaciones de este verano. No me gusta la imagen.
Otra cuestión que empieza a ser preocupante es la de la invasión del inglés en nuestro idioma. ¿Los culpables? los publicistas papanatas que a troche y moche siembran de palabras  del idioma de los del “brexit” sus anuncios porque creen que así “venden” más. El papanatismo y la falta de criterios del gran público –al que tiene entontecido la televisión– han hecho el resto. Pero no sólo ese papanatismo sino el de los “creadores” que son incapaces de manejar la riqueza de nuestro idioma de manera coherente. Llegará el momento en el que el “spanglish”, o como se escriba, sea un idioma, pero habrá que procurar que eso ocurra sólo en los EUA por el bien de nuestro idioma. A mayor abundamiento, TVE, a la que habría que quitar la E se entretiene en llevar canciones a esa magnífica horterada que es Eurovisión cantadas en inglés, ¿quieren una claudicación mayor? Si nunca ganamos el festival, ¿a qué empeñarse en cantar cosas que el muchostantos por cien de españoles no entendemos? Más nos valdría presentar un buen producto televisivo –eso es ahora Eurovisión, que no un concurso de canciones– realizado en español por españoles y dejarnos de tanto gross rating point, branding, backstage, input, planner, timing, streetmarketing y tantos otros “palabros” que pueden decirse en nuestro idioma cuya riqueza léxica es incuestionable… por el momento; pero como no la conocemos ni levantamos una lagartija del rabo en el conjunto de las naciones que pintan algo, habremos de resignarnos a nuestra suerte.
Lo de la salida de Inglaterra de la UE es algo que cada cual interpretará como le parezca mejor. Yo prefiero no estar con un socio que no me quiere; pero Draghi lo ha dicho más claro que nadie: “Fuera es fuera”. Por lo tanto, como dirán los hijos de la Gran Bretaña “el Continente aislado de Inglaterra”. Lo cierto es que me alegro de no tener que soportar las miradas por encima del hombro de los tontolabas de Inglaterra que parece que hayan salido de la pata del caballo del Cid. No han sido otra cosa que gentes aprovechadas que han hecho de su manera de vivir un modelo de mercadotecnia –que no de “marketing”, que es palabra bárbara– que han vendido a todo el mundo. La RAE haría bien en ir espurgando de palabros derivados del inglés sus diccionarios para no tener que soportar la insufrible invasión de los términos que usan los gilipollas de turno: políticos, financieros, publicistas y otras especies raras. Habría que empezar por pasar de lo políticamente correcto a lo racionalmente necesario, pero con prisas, en caliente, sin dar tiempo a que el enojo se enfríe.
Es muy probable que nos esperen tiempos de penuria que nuestra blanda sociedad compuesta por individuos hartos de todo no va a ser capaz de digerir, pero eso, si no mata, hace más fuerte. Desde antes de la caída del Imperio Romano, cuando los lechosos aún andaban en taparrabos, los hijos de la rubia Albión se han dedicado a apoderarse de lo de los demás, unas veces por la fuerza y otras forzando el derecho al que siempre han interpretado en clave de conveniencia. En los negocios que el resto del mundo ha mantenido con ellos siempre han salido gananciosos. Ahora tenemos el temor de que su nueva orientación nos empobrezca; creo que no hay que temer porque durante todo el tiempo que llevamos negociando con ellos no nos hemos enriquecido. Hay que empezar por ponerlos en su sitio incluso desde nuestra posición de partida de desventaja debida a que ellos han robado mucho, desde tierras hasta mares pasando por fortunas de otros. Y si  no me creen, lean la Historia de verdad, no la que han ido imponiendo ellos al socaire de que sus hisatoriadores, sus científicos, sus sabios eran mejores historiadores, mejores científicos, más sabios que los de los demás.

En eso no les falta razón, porque casi todo el resto de europeos –particularmente los españoles– les hemos dejado el balón del esfuerzo, del estudio –“que inventen ellos”– y de la perseverancia; aquí nos hemos dedicado a improvisar fiádonos del genio y sin pensar que el genio es “un diez por ciento de inspiración y un noventa por ciento de transpiración” como me han contado que dijo alguien.

Energúmenos


Habría que hacer una taxonomía del energumenismo en la que se incluyeran todas las clases de especímenes que pueblan la escala evolutiva.
Al referirnos a ellos solemos representárnoslos como personas que vociferan entre grandes aspavientos mientras insultan al mortal que tienen delante y lo apabullan tanto con la potencia de sus voces cuanto con su actitud agresiva y esos podrían ser el primer escalón, el más próximo al animal y –quizás– el que menos maldad entraña. Suele ser el reventador de reuniones, el voceras que se destaca por el volumen del sonido de sus expresiones … y por su falta de razonamiento para apoyar lo que grita. Es el que en cualquier reunión aparece como el impartidor de consignas, de los ¡viva! y ¡muera! que toque en cada caso, el que insulta sin motivo aparente que lo ligue con el insultado y el que se escuda en la masa para creer que tiene poder. Podríamos clasificarlo como el energúmeno “público”.
Pero no es éste el único energúmeno que habría de entrar en nuestra clasificación; este energúmeno público es apenas un aprendiz de la maldad que entraña alguno de los energúmenos no tan notorios: es un energúmeno “privado” el esposo, pareja, amante que anula a su esposa, pareja, amante, destrozándole la autoestima y manipulando la personalidad de quien empezó a estar con él por ese riego de hormonas en sangre que hemos dado en llamar amor cuando la juventud hacía estragos en su organismo. Es ésta una especie particularmente peligrosa pporque no da la cara hasta que ha logrado destrozar la vida de la otra persona apabullándola en principio con su fuerza y luego con la imposición y el terror que causa en la otra que, de pronto, se da cuenta de que su vida es peor que la esclavitud porque aparentemente todo es normal para los demás en las relaciones con el energúmeno y la cobardía de éste hace que su lacra no sea conocida por quienes rodean a la pareja.
No obstante lo antes dicho, el energúmeno “privado” puede ser ella y no voy a llamarla “energúmena” porque no es el género lo que determina la maldad sino la actitud del ser que la pone en evidencia. También es energúmeno “sutil” la fémina que atormenta a su pareja haciéndole ver las carencias y las limitaciones de su comportamiento constantemente, permanentemente, insistentemente sin pensar en que ése es el carácter de la persona que convive con ella y que en lugar de atormentar podría tomar la decisión de seguir un camino distinto en la vida que el que le liga a ese ser.
Hay otros energúmenos públicos que se dedican a negar el pan y la sal a una persona que “aparentemente” ha tenido un comportamiento no ético. Son los que dan carnaza a la prensa para que ésta llegue a aplicar la pena de telediario al supuesto infractor de las cosas de la ética. De éstos los hay abundantes e insistentes. Son los que no piensan –o si lo piensan les importa un pito– que hay personas que lo único que tienen es su honra; quizás sea porquye lo de la honra se la trae al pairo a estos energúmenos. Éstos, los  energúmenos “tapados” son los que mueven a los energúmenos “públicos” a manifestarse como se manifiestan en cuanto tienen la ocasión. Suelen habitar en las inmediaciones del poder público y los hay de todos los colores aunque predominan los de colores cálidos, quizás porque a los de colores fríos les cuesta más moverse dada la temperatura.

Por último –sin pretensiones de ser exhaustivo, ni de pontificar– están los más peligrosos, los “sibilinos”; éstos no dan puntada sin hilo, tergiversan lo que le preguntan para responder lo que les da la gana para seguir emitiendo su mensaje fétido que, de repetido, llega a calar en las mentes más débiles, de los que no son capaces de elaborar por sí mismos un discurso coherente. Reparten su veneno con cara estólida y maneras monjiles esperando que se les responda alguna vez como se merecen para transformarse en víctimas y concitar la animadversión de los ciudadanos “papamoscas” hacia los que no piensan exactamente igual que ellos. Pontifican y dan etiquetas de uno u otro signo sin más autoridad que la de su capacidad embaucadora de serpiente venenosa. Se ponen “moraos”.
Ésta es sólo una aproximación a la taxonomía y animo a quienes quieran ampliarla a aportar sus ideas. Publicaré todas las que me gusten.

Toni(n) el de “La Cuba”