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sábado, 25 de abril de 2020

Preguntas a partir de un editorial

«Pero no se defiende mejor a los españoles en Bruselas -más bien al contrario- con órdagos imposibles y aún menos con conejos de la chistera que son auténticos tropiezos. Es lo que ha ocurrido durante semanas con el empecinamiento estéril en los coronabonos, cuando como ha repetido hasta la saciedad Merkel ni siquiera los permiten los tratados de la UE. Y es lo que ocurre ahora con esa ocurrencia de la deuda perpetua europea, que  ningún otro líder ha respaldado porque está prohibida en el BCE, como bien le podría haber explicado al presidente del Gobierno algún responsable del Banco de España si se dejara asesorar.»
Hasta aquí parte de lo que recojo de «El Mundo» en su editorial. Hay que hacerse alguna que otra pregunta:

  • ¿Quién o quiénes generan esos órdagos?
    • ¿Son producto de profundas deliberaciones en Consejo de Ministros o vienen hechos desde fuera?
  • ¿A quién o quiénes se les ocurre sacar conejos de la chistera?
    • ¿Se busca a los responsables de las consecuencias de esos números de magia en forma de tropiezos?
  • ¿Alguien había comido una seta «rarita» cuando se le ocurrió pedir los coronabonos?
      • ¿Pensó cualquiera de los «altos varones –y hembras– apostólicos» del gobierno –y pienso en la señora Calviño- que nuestros «consocios» de «Uropa» iba a detraer un euro de sus cuentas para ayudar?
      • ¿No se consultó a la «suficiente» ministra de Exteriores acerca de la consideración que merecemos a nuestros queridos socios ricos?
    • ¿Quién tuvo la ocurrencia de lo de la «deuda perpetua»? 
      • ¿Es que «no se hablan» el gobierno y el Banco de España?
Da la impresión, de que, visto desde fuera, en el gobierno dominan algunos «esgarramantas» y algún que otro «perroflauta» que piensan más en su ideología que en lo que es posible en el extremo de la necesidad, que es donde nos vamos a encontrar. En el extremo de un camino que se corta abruptamente y presenta un precipicio en el siguiente paso.
¡Ojalá me equivoque!

viernes, 22 de abril de 2016

Hasta el moño

Tengo la extraña sensación de que me están tomando el pelo. En realidad la sensación es la de que nos están tomando el pelo. A todos, colectivamente, con alevosía y cachondeo como decía el chiste de aquella señora a la que pilló su marido en pleno meneo con otro maromo.
Llevamos desde las elecciones escuchando al conjunto de los componentes de las cúpulas de los partidos políticos que “las urnas han hablado” y que “el mandato del pueblo es el de pactar” para constituir un gobierno.

Dejando aparte la ridiculez de las dos afirmaciones –pero partiendo del argumento que las cúpulas esgrimen– resulta que lo que han dicho las urnas que había que hacer en esta desdichada nación –pactar– no han sabido, no han podido o no han querido lograrlo entre todos los que componen la clase política. Cuando a alguien se le encarga algo que es de vital importancia y  ese alguien no lo logra, se le sustituye por otro que aborde la consecución desde otro punto de vista; por lo tanto, las repetidas cúpulas de los diferentes partidos que –como he dicho antes– no han sabido, no han podido o no han querido lograr el pacto deben irse a su casa. Cada uno a la suya y a dedicarse a lo que quiera que fuera que hicieran antes de meterse a redentores políticos. Todos. Y de manera especial los que faltan a la coherencia mínima que ha de tener el que adquiere responsabilidades políticas; me refiero al señor Iglesias que se queja de que su formación no tenga un lugar en la Diputación Permanente del Congreso diciendo que "le han apartado entre todos los demás".
El barrizal en el que se ha convertido España por mor de los bolsillos de algunos o por la desvergüenza de otros ha sido generado por los polvos de tiempo atrás que han traído los lodos que enfangan cualquier cosa pública que se investigue con un mínimo de rigor y otro poco de profundidad. Las instituciones están a los pies de los caballos –sólo faltaba la noticia de los jueces dando conferencias pagadas por Ausbanc– y la que no lo está –el Ejército– no es bien vista por algunos que tienen responsabilidades de gobierno, ¿no es cierto señora Coláu?
¿Nos hemos vuelto todos locos?
Es imprescindible que la ciudadanía tome clara conciencia de lo que nos jugamos en esta extraña segunda vuelta electoral que  se avecina y se deje de ideologías estériles para ocuparse de lo que es importante: resolver los múltiples problemas que tiene España –así, con todas las letras– haciendo que la Ley, la Moral y la Justicia sean las que informen todo el contenido de la acción del gobierno que nos lleguemos a dar. Siempre ha sido malo dividir las fuerzas y ahora nos encontramos más divididos que nunca precisamente cuando más necesaria es la cohesión social.

Toni(n) “el de la Cuba”

martes, 3 de noviembre de 2015

Las Fiestas: Noche de Jotas

La noche del 16 de septiembre asistimos a un espectáculo de jotas, “Alma con la Jota” se llamaba, que me gustó de una manera particular.
Soy reacio a asistir a los espectáculos monotemáticos por una cuestión de lógica: si no tienen una gran calidad terminan por cansar al espectador. Si, además, la “calidad” es entendida por los artistas como una exhibición de potencia vocal o como la capacidad pulmonar en el aguante de una nota para despertar la admiración del espectador la catástrofe se me antoja inevitable.
Me apresuro a añadir que no ha sido el caso de la noche a la que me refiero: Creo que hace mucho tiempo —años— que no había asistido a una velada tan completa como la del día 16. Enhorabuena a los artistas, a todos los artistas, y quien ha tenido el acierto de traerlos a Navajas. Aquí la jota es sentida como algo propio, estamos en la frontera raya de Aragón y eso se nota en la respuesta de la gente ante la jota, una respuesta que tiene mucho de visceral y no poco de sentimiento que —creo yo— está grabado en nuestro cerebro reptiliano desde mucho antes de que la jota fuera “inventada”. Deben ser los componentes de esa manifestación los que estimulan los mecanismos que nos hacen emocionar.
Los joteros de la noche del 16 rayaron casi todos a gran altura y los que no llegaron a la altura de los mejores, tuvieron una muy digna actuación. 
Los intervinientes solistas demostraron un buen nivel en conjunto y algunos un nivel excelente, además, cuando hicieron de coro, se sometieron a las exigencias de volumen requeridas para que no se escuchara una voz por encima de las demás.
No hubo un dúo que no estuviera afinado y eso, en mi experiencia como espectador, es difícil de conseguir cuando se trata de un grupo de jotas. Enhorabuena.
Sin músicos no hay jota y los que actuaron en el espectáculo a que nos referimos estuvieron impecables durante toda la noche, afinados, adecuados en los acompañamientos, ricos en las introducciones, impecables en la ejecución. Habrá que decir que, además, dos de ellos cantan… y lo hacen muy bien.
Habiéndome gustado mucho todos ellos, voy a destacar al guitarra: llevó en todo tiempo el “tempo” adecuado, adornó lo que había que adornar y a-com-pa-ñó a los que cantaron y a los que bailaron estando atento a que bajo su dirección cada cosa estuviera en su sitio con solvencia y con buen gusto. Los bajos de su guitarra fueron un ejemplo de lo que se debe hacer.


Las dos parejas de bailadores me emocionaron por su adecuación a los tiempos, por el “movimiento” de sus posturas cuando estaban inmóviles, por la gracia de los movimientos, los guiños del gesto al dar un golpe de castañuelas, el trenzado de los pasos… y, además de todas estas consideraciones, por no convertir la jota en un ejercicio de acrobacia atlético-circense con saltos estrambóticos que nada tienen que ver con la danza, por no hacer de la jota un esperpento de sí misma.
Además de todos estos aspectos, que cualquiera pudo apreciar, se me ha ocurrido llevar mi reflexión un poco más allá de lo tocante a los aspectos formales por lo que me dado cuenta de que:
  • Cuanto mayor sea la calidad de los componentes de un equipo, mejores serán los resultados obtenidos en la consecución de los objetivos que se proponga, a condición de que:
  1. Cada uno interprete el papel que le corresponda:
    1. El coro ha de ser coro, sin “solistas” ocultos que destaquen del resto.
    2. El acompañamiento ha de potenciar la labor de los solistas, siguiendo la línea que éstos marquen para que la interpretación no resulte mecánica.
    3. Los solistas deben dominar, cada uno, su especialidad y su estilo.
  2. Todo ha de estar dirigido por una sola persona:
    1. Una vez definido el objetivo, el equipo, ha de dejarse de individualismos y poner el esfuerzo de cada uno al servicio del bien común.
    2. El que dirige ha de saber lo que hace. No se elige a un director por votación sino por su aptitud para el puesto y por su actitud a la hora de liderar el equipo, aunar aportaciones y marcar el tempo y los matices; el tono lo dará la partitura.
  3. La buena voluntad ha de suponerse en todos, pero las habilidades, cualesquiera que éstas sean, han de ser innatas y haber sido perfeccionadas por el esfuerzo, el estudio y el trabajo.
    1. Sin sentido del ritmo no se canta, ni se baila y sin sentido de la justicia, de la equidad, del bien, de la verdad no se lidera un equipo.

¡Hay que ver todo lo que da de sí una noche de jotas bien cantadas!


Toni(n) “el de la Cuba”