viernes, 13 de julio de 2018

La legalidad y la Justicia (Fábula)

Hace tiempo que vengo dando vueltas a esos dos conceptos que, pareciendo tan semejantes, a veces parecen estar en contraposición. Y mis pensamientos me llevan por los derroteros que ahora quiero compartir con ustedes dos, amables lectores de este cuaderno.

La primera reflexión es : ¿Puede algo ser legal sin ser justo? Yo creo que la legalidad debe ir precedida por la justicia porque, de lo contrario esa legalidad ... tiene serios problemas de legitimidad.

Mi segunda reflexión es: ¿Puede ser dañosa para quien obra rectamente, esa manera de obrar? Pienso que no debería ser así, a no ser que el perjuicio lo produzcan quienes no obran ateniéndose a lo que es justo y se cogen a lo legal como a un clavo ardiendo para dejar de obrar con rectitud.

¿A qué viene todo este exordio pseudo filosófico?

Mis reflexiones no son inocentes porque vienen a cuento de algo que me ha sucedido con el Ayuntamiento de Navajas. Verán ustedes:

En la época del Presidente Rodríguez, don José Luis, una de las ocurrencias que tuvo el Gobierno "para impulsar la economía" fue la de promover un "Plan Z", ¿recuerdan? Pues bien, en nuestro pueblo ese Plan se aprovechó para hacer un carril bici minúsculo que, miren ustedes por dónde, afectó a la única tierra que poseo donde caerme muerto y fui expropiado. Nada objeté a la expropiación porque pensé que la obra podría contribuir, bien que poco, a que Navajas fuera algo más amable con sus visitantes y vecinos.

Pasó el tiempo, de vez en cuando preguntaba en el Ayuntamiento al anterior Secretario o al Alcalde por la calle, cómo iba el pago de la expropiación de los terrenos. Casi siempre estaba "a punto de ser liquidado" y yo me lo creía y no quise hacer reclamaciones. Fui, lo reconozco, un ingenuo, porque aunque la cantidad no era importante, hubiera debido hacer una reclamación en forma como hicieron otros propietarios que obtuvieron de la anterior Alcaldesa, la satisfacción debida a lo que les había sido expropiado.

Aporté al ayuntamiento una fotocopia de la página de mi cartilla de ahorro para que se me pudiera hacer el ingreso correspondiente, cuando me enteré de que, al parecer, se iba a proceder al pago de la cantidad que se me adeuda. Pasó el tiempo sin que sucediera nada. Ante la posibilidad de que se hubiera procedido al pago, pedí una entrevista con la Alcaldesa actual sin obtener respuesta alguna por su parte. De manera casual concerté una entrevista con la Concejal de Hacienda en la que se me explicó que el plazo había caducado porque yo no había hecho movimiento alguno para solicitar el dinero que se me adeudaba. Como quiera que sí había hecho gestiones, con funcionarios de la administración local, generé un escrito de reclamación haciéndolo constar, porque el testimonio de un funcionario en casos como éste sí tiene valor según se me había informado en la reunión antedicha.

Ahora, con todo lujo de cumplimientos de la normativa de envío de documentos por vía electrónica, recibo una Resolución de la Alcaldía mediante la que, en respuesta a mi escrito, la señora Alcaldesa resuelve: "Desestimar la solicitud de D. José Antonio Torres Redondo de abono del justiprecio de los terrenos expropiados para la construcción del carril bici". "Así lo manda y firma la Sra. Alcaldesa, Dª Patricia Plantado Navarro..." etc. por el informe de Secretaría-Intervención aludiendo a que: "Respecto del pago material ha operado la prescripción a que hace referencia el artículo 25 de la Ley 47/2003, de 26 de noviembre, General Presupuestaria..."

Ustedes disimulen el "rollo" que les acabo de soltar, pero ahora vuelvo atrás para comparar los hechos descritos con lo que decía al principio. La resolución de la Alcaldía es legal, pero ¿es justa?. Hay otra persona "damnificada" en mi misma situación, que estoy seguro que me daría la razón si fuera interrogada al respecto. Además, se produce un agravio comparativo con los que sí han cobrado.

Si alguien toma algo de otro y no lo paga, o lo devuelve o no es de él. Se me ocurre entonces que puedo tomar posesión de aquello que me ha sido expropiado y no se me ha pagado. Le daré un par de vueltas a esta idea porque tiempo me sobra y aunque mi talante nunca ha sido el de enredar temo que se me ha quedado cara de tonto con este episodio que me ha hecho reflexionar con lo pesado que es hacerlo en verano.

Como decía al principio, legal, puede que lo sea –ya me lo explicará algún abogado– pero ¿es justo?
Toni(n) el de "La Cuba"


domingo, 21 de enero de 2018

Autonomías ¡uf!

Hoy no tengo ganas de escribir ni de argumentar, así es que me limitaré a preguntarme –y a preguntar a los que me lean– acerca de lo que me viene preocupando desde hace mucho tiempo:
  • ¿Hay alguien que crea que las autonomías –salvando las distancias de tipo político– han mejorado en algo al estado centralizado?
  • ¿Sabe usted que cada autonomía puede legislar en diferentes materias y que esa legislación puede ser diferente de la de la misma materia en la autonomía vecina?
  • ¿Alguien cree que lo que ha pasado en Cataluña hubiera podido pasar en un estado centralizado?
  • ¿Por qué pueden haber tantas policías diferentes como comunidades autónomas?
  • Si cada comunidad autónoma pone los sueldos que quiere a sus funcionarios, ¿no constituye este hecho una hipoteca para el estado central por lo de los “agravios comparativos”?
Terminaré con lo de siempre:

Estamos quemando en la hoguera de las vanidades políticas la aportación de todos al Estado y obtenemos humo de ese incendio. Apaguémoslo antes de que sea tarde.
Toni(n) el de "La Cuba"

DELENDA EST AUTONOSUYAS

Ayer me manifestaba claramente en contra del Estado de las Autonomías y algún amigo que leyó el texto me dijo que lo que procedía en el caso de España era un Estado Federal. 
Con todos mis respetos tuve que manifestarle que eso era lo mismo que salir del fuego para caer en las brasas. Ya sé que eminentes políticos como el Sr. Sánchez y otros antes que él –tal que el Sr. Rodríguez Zapatero– se han mostrado de acuerdo con esa forma de Estado, lo cual me reafirma en mi opinión de que es mala.
¿Y por qué esa manía de los padres de la Constitución, primero y de los que les han sucedido después de buscar modificaciones a lo que estaba bien como estaba? A mí se me ocurren un montón de razones –todas malas de suyo– para responder a la pregunta:
  • Para buscar acomodo a los miles de criaturas que se necesitan para mantener unas estructuras tan grandes y tan poco eficaces.
  • Para que los políticos que no sirven para otra cosa encuentren un hábitat en el que poder establecerse y medrar.
  • Para satisfacer la ensoñación de unos cuantos iluminados que se quedaron en los dieciocho –años de edad mental y siglo– y que siguen creyendo en las supremacía de la raza y en la superior dotación genética –la suya, por supuesto– sobre el resto de los mortales del mundo mundial.
  • Porque se tuvo miedo –siempre es mal compañero, el miedo– de que la Constitución de 1978 no fuera aprobada.
  • Porque algunos historiadores, filólogos y patafísicos varios recompusieron los virgos de la Historia, la Filología y las diferentes Patafísicas –a buen precio– con el fin de que pasaran por mocitas teorías trasnochadas y desechadas por intelectuales serios.
  • Por oponerse a lo que defendía Fraga Iribarne, ya que, al parecer todo lo que se le ocurría a don Manuel “era herencia del franquismo”.
  • Porque los políticos que hubieran podido defender la forma centralista del Estado fueron, siguieron siendo y serán personas acomplejadas por el ataque de la izquierda en bloque afeándoles su nacimiento, formación y desarrollo en los tiempos en que Franco gobernaba en España.
  • Porque ahora parece que Franco lo hizo todo tan mal que hay que borrar hasta el último atisbo de su memoria sin respetar la verdad histórica que todo el mundo tiene derecho a conocer; unas veces para no repetirla y otras para enorgullecerse de ella.
  • Porque “a España no la va a conocer ni la madre que la parió” según una frase que hizo fortuna –para mal–  y que hay que aprovechar la  reforma de la Constitución para dos cosas:
  • La hoguera de las vanidades
    • lograr hacer una recentralización que es necesaria, realizada de manera paulatina, constante e incesante que deje sin sustento al independentismo y 
    • para que las  mujeres no tengan traba alguna para la sucesión a la Corona ni para cualquier otra cosa, porque el resto de las propuestas son ganas de seguir enredando.
  • Porque en algo se tienen que entretener las criaturas que nos gobiernan ya que es bien sabido que “cuando el diablo está ocioso, con el rabo mata moscas”. 
Y termino como lo hice ayer:
Estamos quemando en la hoguera de las vanidades políticas la aportación de todos al Estado y obtenemos humo de ese incendio. Apaguémoslo antes de que sea tarde.

Razones todas que expongo –y más que no digo– a la consideración de mis muy hipotéticos lectores por si tienen a bien manifestar su opinión en estas páginas.
Toni(n) el de  "La Cuba"

sábado, 20 de enero de 2018

DELENDA EST AUTONOMIAS

No hay mal que por bien no venga es un antiguo refrán castellano que me viene al pelo para comentar lo contento que me ha puesto leer en ABC de hoy, 20 de enero del año del Señor 2018, en artículo firmado por Alexis Romero que como consecuencia de la crisis catalana: “según el barómetro del Real Instituto Elcano, los ciudadanos que desean un Estado sin CCAA ha pasado del 9 al 21% en dos años”.
Tengo la impresión de que el Real Instituto yerra en su apreciación porque me parece que somos más los que desearíamos que desapareciera el Estado de las Autonomías. Y son varios los motivos que tenemos para desear su desaparición. Voy a intentar apuntar algunos aunque sé que me quedaré corto:

     
  • Esa forma de Estado ha servido para complicar los trámites administrativos que han pasado de ser uno para todo el territorio nacional a diecisiete –cada uno  diferente de los demás– en función de las competencias transferidas.
  • Otra de las "virtudes" de las Autonomías ha sido la de fomentar el independentismo que tanto mal ha acarreado, está acarreando y acarreará al Estado más antiguo de Europa. Se impone el "chocolate para todos".
  • El dispendio de recursos es evidente y ya ha habido algunas voces que se han alzado diciendo que es un lujo –innecesario e inútil, añado yo– que no podemos seguir manteniendo.
  • Las Autonomías más bien parecen “autonosuyas” porque cada una de ellas tira de la manta para taparse sin importarle dejar “in puribus” a las demás.
  • Las diferencias en la financiación de las llamadas “históricas” –como si las demás no tuvieran historia– y del resto entre ellas hacen que el reparto de los dineros sea motivo de discordia y aún de enfrentamiento de unas con otras.
  • Gracias a las autonomías hemos creado un Estado aquejado de elefantiasis en el que sobran miles de enchufes.
  • Se puede hacer más cosas con menos recursos de los que gastamos y hacerlas mejor.
  • Justicia, Educación, Sanidad y Hacienda funcionarían mejor sin tanta competencia transferida. Y este funcionamiento mejor sería más justo para los ciudadanos.
  • La Diputaciones Provinciales serían suficientes para administrar cada provincia sin necesidad de Concellos, Juntas, Consejos, “Generalitats” y otras formas de autogobierno que no hacen sino rizar el rizo de la burocracia.
  • Con el ahorro que supondría la implantación de un Estado Centralizado, España pagaría su deuda externa en poco tiempo y no necesitaría endeudarse para pagar las pensiones miserables que se pagan a los españoles. Hagan cuentas.

Estamos quemando en la hoguera de las vanidades políticas la aportación de todos al Estado y obtenemos humo de ese incendio. Apaguémoslo antes de que sea tarde.
Toní(n) el de la "Cuba"

Cosas de la tecnología

Pues sí, señores; los Reyes me han traído una libreta electrónica de esas que on capaces de almacenar más libros de los que seré capaz de leer en lo que me queda de vida. Incluso me atrevería a decir que más de los que haya sido capaz de leer en toda mi vida.
Los cachivaches que ha sido capaz de traernos la informática son atractivos y funcionan la mar de bien. El mío tiene el aspecto "retro" de una vieja libreta de notas, cosa que proclama con un título en inglés –del empleo del inglés a troche y moche, –incluso cuando no es necesario– habrían de ocuparse personas más cualificadas que yo, pero a lo que iba. No es la primera libretica de este tipo que utilizo; hace ya años tuve otra que debe andar olvidada por algún cajón de objetos electrónicos desechados a partir del momento en que fue sustituida por algún invento que me permitía hacer lo mismo desde el ordenador. Qué ha impulsado a los Reyes a dejarme este nuevo aparato no lo sé, pero ya que lo tengo aquí, lo aprovecho.

El cachivache tiene trampa porque puedes descargar cualquiera de los libros que Amazon pone a tu alcance –que son miles y de todos los temas– de manera fácil, cómoda y casi insensible para el bolsillo porque se carga en cuenta y los precios son más bajos que los de los libros “de verdad”. 
Los defensores de esta manera de leer aducen las numerosas ventajas que tiene el invento: apenas ocupa espacio, puedes saltar de un libro a otro cuando quieras, sin que se te pierda el lugar en que te habías quedado, la iluminación de la pantalla consigue que puedas leer en cualquier lugar aún en ausencia de luz suficiente, se protegen los bosques… ¡Ah! y tiene una batería capaz de aguantar días sin necesidad de recarga y sin que se deteriore la calidad de lo que se ve en la pantalla. 
Los detractores esgrimen razones más sentimentales: el libro es un objeto bello, les gusta el tacto de las hojas, su olor, contamina menos porque las libretas éstas tienen componentes electrónicos en cuya fabricación intervienen procesos y elementos que arroja a la atmósfera sustancias que contribuyen al calentamiento global; una pus, oiga.
Así es que lo dejaremos en empate porque nada hay escrito acerca de gustos.
Como es lógico, apenas he abierto el paquetito me he puesto a enredar con el chisme –en el que han aparecido misteriosamente los libros que tenía en mi biblioteca del ordenador– y , cosas del consumismo, he comprado un libro de Umberto Eco, “De la estupidez a la locura” cuya reseña me ha atraído y he caído en la trampa de empezar a leer en un avance del contenido que arteramente dispone el vendedor para que te enganche y no puedas pasar sin conocer lo que viene detrás de lo de delante… Y aquí me tienen, leyendo al maestro Eco que entra a reflexionar acerca de las cosas que aquejan a nuestro tiempo, la excesiva información mal digerida, las prisas, el agobio de los “media”, las redes sociales, los políticos, las políticas de los políticos y todos los otros asuntos  que ocupan a la sociedad moderna y que incluso pueden llegar a preocuparnos.
Cosas de la tecnología.

martes, 26 de diciembre de 2017

ZAPATERO, A TUS ZAPATOS

Es bien conocido el refrán español con el que titulo este escrito. A nadie se le oculta el significado que tiene porque pocas veces se encuentra un refrán más claro que el que nos ocupa. ¿Y a qué viene el exordio con que obsequio a mis hipotéticos lectores? Viene a que ha habido un grupo de científicos catalinos –ellos dicen que son más de mil– que se ha entretenido en promocionar su idea política ofendiendo al resto de españoles que no “somos catalanes” haciendo gala de su ignorancia en materia de Historia, en materia de política, en educación –entendida en su doble vertiente de instrucción  y  educación– y en sentido común. No sé si se me olvida enumerar alguna de las carencias que demuestran esos científicos aunque si quiero señalar que me parecen peligrosos reaccionarios que no tienen la mínima idea de lo que significa respeto a los demás.
Los señores a que me refiero, con evidente falta de verdad, han dicho que “España es un país agrícola que se dedica a la caza”.
Tomo de “El confidencial.com” –en el que leo la noticia– algunas frases que ciertos científicos catalanes vierten en el artículo titulado “La tesis de los científicos 'indepes': "España es un país agrícola que se dedica a la caza”, que firma David Brunau.

Para Roderic Guigó, catedrático de Genética del Departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud (CEXS) de la Universidad Pompeu Fabra y uno de los científicos de referencia “es importante para la ciencia catalana que los partidos independentistas vuelvan a ganar las elecciones, porque si no "la alternativa sería el retorno al fascismo del PP y Ciudadanos, que no tienen escrúpulos en promover el exilio de nuestros gobernantes y su rendición incondicional. Es el fascismo que encarcela, hiere y censura. Como científicos, sabemos hacia dónde no tenemos que ir. Ante la ilusión de un país nuevo está la oscuridad del Estado español y la vulneración de los derechos humanos”.
Tengo algunas preguntas que hacerme: 
  • ¿Qué tiene que ver la ciencia catalana con el resultado de las elecciones? ¿Quizás es que se malicia el eminente científico que el “momio” de la subvención a cualquiera de los proyectos acerca de la genética de la gallina autóctona catalana –o de cualquier otra “investigación” peregrina– se le acaba?
  • ¿Dónde ha visto tintes fascistas el señor Guigó, en la actitud de respeto a las leyes de PP, Ciudadanos y PSOE, en la negación de los derechos de la oposición en el Parlament o en la huída –y no a Egipto precisamente- del “caganet” Puigdemont?
  • Si, como parece, es este señor miembro de o subvencionado por la A.N.C. se explica casi todo; no obstante, ¿no se le habrá ido la olla con tanto Mendel arriba y abajo? ¿Seguro que conoce algo de Leyes, de Historia de España, de algo que no sean alelos, caracteres dominantes, caracteres recesivos, cultivo de guisante y otras prendas de su saber?
Pero no es el único; Alicia Casals, catedrática de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPF), doctora en informática y número 63 por Barcelona en las listas de Junts per Catalunya dice en un alarde de pensamiento profundo:
"España es un país más orientado a la agricultura y sus prioridades son las que son” y se queda tan ancha. No sé si el lavado de cerebro de su pertenencia a Junts per Catalunya  habrá afectado a su RAM, a su ROM o si es que ha recibido apoyos de sus conmilitones políticos para llegar al puesto que ostenta, pero me temo que su formación básica haya sido deficiente hasta el punto de dejarla con un discurso más propio de un niño de seis años que en el de una doctora en informática, a no ser que el doctorado le haya sido concedido por méritos diferentes de los académicos, cosa que no sería extraña. 
Su compañero de ponencia Joan Cardona, jefe de la Unidad de Tuberculosis Experimental del Instituto Germans Trias i Pujol, abundó en esa misma tesis. "España es un país agrícola que se dedica a la caza y a atraer a jubilados, pero aquí [en Cataluña] no tenemos esa necesidad. Por eso la república nos permitiría aumentar la inversión en investigación y situarnos como un país puntero. Eso requiere de una libertad y una flexibilidad brutal y si seguimos en un estado dirigista nunca lo lograremos. En España no sabían ni lo que era la investigación hasta que el conseller Mas-Colell fundó el ICREA [Institución Catalana de Investigación Avanzada y Estudios Avanzados]. 
Bien por el señor Cardona.
Demos gracias al cielo por enviar a Cataluña al “conseller” Mas-Colell que hizo de esa parte de España un faro de la investigación mundial que nos redimió de la ignorancia y no nos  permitió seguir embrutecidos y patentando solamente máquinas de confeccionar pirindolillos para boinas –a condición de que toda la materia prima empleada fuera de fabricación nacional- o parches para panderetas con idénticas condiciones. Gracias a esa capacidad investigadora consiguieron hacerse ricos algunos españoles de i’Empordá o de la Plana de Vich poniendo un palito a una fregona o a un caramelo, dos grandes inventos fruto de la investigación en punta desarrollado por alguno de los institutos como aquél al que pertenece el “señor Joan” que, al parecer, no se ha enterado aún de que la caza sigue siendo practicada como deporte y que ya hemos pasado en el resto de España a la situación de ganaderos–recolectores. Un avance notable dado nuestro alto grado de incuria intelectual.
Ya tiene delito lo de “Tuberculosis Experimental” que supongo que no es invento suyo sino un derivado de la inmersión lingüística a la que han sido sometidas todas las criaturas de Cataluña durante muchos más de cuarenta años. Su discurso no resiste el análisis más leve. ¿A qué se refiere con lo de atraer a jubilados? ¿A los ingleses jubilados veinteañeros que “montaban el pollo” impunemente en la Cataluña gobernada por el señor Puigdemont a cambio de que dejaran unas monedas de las que ahí en su provincia según usted “no tienen esa necesidad”? Soy jubilado, ¿tiene usted algo que reprocharme? La república, señor Cardona no tiene nada que ver con el aumento de la inversión en investigación. Con esas inversiones sí tienen que ver los recortes hechos en Sanidad, en Servicios Sociales y en educación por los políticos que les han gobernado dirigiendo sus intereses –los de ellos– a la creación de “embajadas” a los pagos a cierta prensa y a otros excesos encaminados a conseguir una independencia gestionada por quienes, por no saber, no supieron ni qué decir una vez que hubieron proclamado –¿o no lo hicieron?– esa ansiada república.

El señor Guigó, la señora Casals y el señor Cardona son tres eminencias, cada uno en el campo de su competencia; de eso no me cabe la menor duda y tienen derecho a opinar lo que estimen más conveniente aunque crean que los demás vivimos en un país dirigista, cerrado, obtuso, casposo, agropecuario, intervencionista, que –no obstante– les permite decir lo que dicen sin alterarse lo más mínimo, aunque lo que digan resulte ofensivo para el resto de los españoles, y yo me pregunto, ¿por qué se dedican a unos zapatos que no son los suyos? ¿Será –quizás– porque piensan que en una República pequeñita puede llegar a ser Presidente cualquiera de ellos? Como dijo Pedro Mourlane: “¡Qué país, Miquelarena!”.

viernes, 20 de octubre de 2017

LOS DEL DIÁLOGO

Dicen algunos que “la cuestión catalana” se resuelve mediante el diálogo, que es la política la que debe intervenir en lugar de hacer que sean  los jueces los que resuelvan el asunto.
Debo confesar que la afirmación me tiene perplejo porque yo creía –seguramente en mi ignorancia– que había separación de poderes en un Estado de Derecho y que cada uno de ellos tenía funciones atribuidas en las que era la máxima autoridad; así el Legislativo –diputados y senadores, los políticos– proponía y sancionaba leyes; el Judicial se ocupaba de la correcta aplicación y de la interpretación de esas leyes y el Ejecutivo las aplicaba, se apoyaba en ellas y actuaba conforme a lo que en ellas estaba sancionado.
Si esto es así, la propuesta de diálogo en la “cuestión catalana” me parece que no tiene sentido alguno porque hay leyes al respecto –sancionadas por quienes tienen potestad para hacerlo y publicadas a los cuatro vientos– que algunos se han saltado y que el Ejecutivo tiene la obligación de respetar. Por su parte, el Judicial es el encargado de dirimir si las Leyes han sido respetadas o no y si resulta que no, el que ha de aplicar las sanciones que establezcan las normas aprobadas. Los sujetos a esas Leyes han de acatar las sentencias de grado o por la fuerza.
Ése es mi planteamiento.
Los partidarios del diálogo parecen ignorar que la “cuestión catalana” está descrita perfectamente en nuestras Leyes –en la Constitución que es la Ley de la que emanan todas las demás– por lo que el pretendido diálogo no es sino una manera de inmiscuírse en las atribuciones del poder judicial.
Si hay algo con lo que los políticos no están de acuerdo, tienen la oportunidad de dirimirlo en la Cortes proponiendo Leyes que mejoren las que ellos consideren erróneas; ahí sí que es necesario el diálogo, pero ante lo que es legalmente vigente los políticos sólo han de tener una opción: respetarlo; lo demás son ganas de enredar.
En el caso concreto de la “cuestión catalana”, hay una clara muestra de confusión mental –iba a escribir la palabra “esquizofrenia”, pero no la escribo, ¿comprenden?
– en los que encabezan la idea. Primero dicen que “por mandato del pueblo (?) proclaman la creación de un estado catalán independiente en forma de república” para añadir que piden al Parlamento Catalán que no la aplique y después firman un manifiesto en el que aseguran haber creado un estado independiente.
No tiene desperdicio. Y si no fuera porque nuestra capacidad de asombro ha sido superada ampliamente por las realidades de este tiempo en que nos ha tocado vivir, nos quedaríamos con la boca abierta ante un hecho semejante que han perpetrado, impunemente hasta el momento, setenta y dos diputados del Parlamento de Cataluña.
Se me ocurre la pregunta del millón: ¿Acerca de qué quieren los dialogantes que se dialogue? Si tienen capacidad para proponer un cambio en las Leyes, que lo hagan y si no la tienen que se aguanten. Hay Leyes con las que no estoy de acuerdo y me aguanto y las acato porque no tengo otro remedio que hacerlo; pero haré todo lo que pueda –en mi caso es más bien nada– para que se cambien.
Vamos a hacer un ejercicio de futurología: supongamos que se decide cambiar la Constitución y que en el referéndum en el que se proponen los nuevos textos el rechazo supera ampliamente a la aprobación; sigamos suponiendo que las encuestas aseguran que el rechazo se debe a que la gente está harta del “Estado de las Autonomías” al que consideran caro y complicado y quiere más centralización. ¿Qué cara se les quedaría a los “autonomistas”?
No obstante, todo este follón de la “cuestión catalana” no hubiera tenido lugar si se hubiera seguido mi consejo de hace muchos años, cuando don Jordi, recién salido del expolio  de la “Banca Catalina” empezaba a hacer sus pinitos como el “jedi” del nordeste: tomarse a cachondeo todas y cada una de las declaraciones que hicieran él o sus adláteres acerca de cualquier asunto; pero un cachondeo nacional, con los media –¡qué “modelno" me ha salido!– revolcándose ante cada una de las campanudas aseveraciones del prócer.
Se acaba de demostrar la bondad de mi método con el vecino que ha opuesto a las caceroladas la música de Manolo Escobar. Las canciones del de Almería han acallado el ruido triste de los utensilios de cocina.
Nos ha faltado sentido del humor para abordar un asunto tan peregrino como el de la independencia de Cataluña, que arranca del XIX con unos señores que se creían “trolas” como ruedas de molino en las tertulias de los casinos de los antiguos condados catalanes, convertidos por obra y gracia de estafermos en ágoras del sublime pensamiento vifredovellosino –perdón– en teorías políticas de largo alcance.

El tomarse demasiado en serio trae de la mano esos problemas; el creerse el ombligo del mundo lleva consigo la posibilidad de que alguien nos baje de la nube como cuentan que hizo Mao con el inmoral “President” en una hipotética visita a China, cuando, engallando la voz y poniéndose de puntillas enfatizaba ante el mandatario: –“Els catalans som sis millions”  a lo que repuso Mao: –“ ¡Ah! ¿Sí? ¿Y en qué hotel se alojan?
El esperpento representado durante treinta años, o más, en el nordeste por parte de los políticos catalinos y culminado por el independentista Puigdemont con su hilarante, rocambolesca, posmodernista, bufa, cobarde y rancia “declaración de independencia”, no resiste dos chistes de cualquier humorista. Si viviera Eugenio nos la estaría contando con un: “¿Saben aquéll que díu…?” que, ya de entrada, nos haría esbozar la sonrisa. Y no les digo nada si la hubieran glosado Tip y Coll.
Los políticos “catalinos” y los que les secundan pretenden jugar un partido de fútbol en el que ellos puedan valerse de las manos, estar en fuera de juego y agarrar o zancadillear al contrario sin  que el árbitro les pite falta. Incluso llegar a la agresión sin que se les saque tarjeta roja; es decir quieren hacer trampa mientras que los que e les enfrentan han de cumplir el reglamento a rajatabla. Y además juegan en casa con una “hinchada” forofa y violenta. Así no queda otro remedio que o retirarse del campo o romper la baraja.

Lo malo de este asunto es que los payasos –los malos payasos, los que dan risa, no los que hacen reír– están dentro de las instituciones como representantes de los que nada temen porque tenemos un Estado de Derecho que les garantiza la posibilidad de ir contra él impunemente. Nos lo vamos a tener que “hacer mirar”.